Cómo cambio mi forma de ver la música con los años

 La música tiene una capacidad asombrosa para transformar la manera en que percibimos la vida. Al introducir melodías, armonías y ritmos en nuestra cotidianidad, no sólo experimentamos cambios de ánimo; nuestra forma de ver el mundo, de sentir el tiempo y nuestras propias emociones puede desplazarse hacia territorios nuevos. 


Desde el plano más perceptivo, la música modula lo que vemos y sentimos. Una investigación de la University of Groningen halló que escuchar música feliz o triste no sólo cambia el estado de ánimo del oyente, sino que incluso altera su capacidad para reconocer expresiones faciales: cuando las personas escuchaban música feliz, detectaban más rostros felices; con música triste, más rostros tristes. 

ScienceDaily

 Otro estudio justificó dicho efecto desde lo físico: la música influye en la activación de circuitos cerebrales vinculados con emoción, memoria y sensación corporal. 

Journal of Student Research

 Esta doble vía —emocional y sensorial— explica cómo una canción puede “colorear” el día, cambiar la percepción de un paisaje, o bien llevarnos a prestar atención a detalles que antes ignorábamos.


En un estudio con pacientes psiquiátricos en Sudáfrica se recogieron afirmaciones como: «Se abrió un poco mi mente… vida después de estar… muerte, porque la razón principal por la que estoy aquí era que estaba pensando en morir; me dio alguna razón para no suicidarme». 

South African Journal of Psychiatry

 Aquí la música no sólo alivia; cambia el sentido que la persona tiene de su existencia. Al transformar el tono emocional, modifica la valoración que hacemos de nosotros mismos y de lo que nos rodea.


En términos de bienestar y calidad de vida, la música también demuestra un papel significativo. Durante la pandemia de COVID‑19, una investigación en jóvenes universitarios australianos mostró que incrementar el tiempo de escucha musical se asoció con un aumento en la satisfacción con la vida, mientras que ver televisión/videos tenía el efecto contrario. 

PubMed

 Es decir: cuando la música se convierte en refugio o medio activo de conexión interna, puede mejorar la percepción global de la vida — no solo el momento, sino el “cómo estoy viviendo”.


Un ejemplo personal profundo lo brinda la cantante Donna Lewis, quien durante su tratamiento por cáncer afirmó: “My music became my therapy… the writing and the recording … really became a lifeline for me. … Ahora simplemente escucho mi cuerpo. … Siento que estoy haciendo todo lo que necesito para vivir mi vida y soy feliz.” 

People.com


Aquí vemos cómo la música se convierte en puente entre la enfermedad y la vida, entre el dolor y una nueva forma de habitar el día.


Más allá de bienestar, la música también fortalece identidad y vínculo social. En un estudio sobre desplazamiento geográfico y hábitos musicales, se observó que la música que escuchamos en la adolescencia tiende a acompañarnos gran parte de nuestra vida, funcionando como banda sonora de quien somos. 


 Esta continuidad refuerza una línea de identidad: al volver a esas canciones, no solo regresamos a un recuerdo, sino a una versión de nosotros mismos, antes y ahora. Al mismo tiempo, escuchar música con otros, cantar en coro o sincronizar movimientos al ritmo favorece la sensación de pertenencia. Así, la música puede cambiar la forma en la que vemos nuestras relaciones, haciéndolas más profundas, más conscientes.


Por ejemplo, uno de los pacientes entrevistados en la terapia musical señaló que la experiencia “me permitió conectarme con mi yo interior… me hizo volver a la vida” (Participant A). 

PMC

 ¿No es significativo que la música haya servido para “volver a la vida”? Este tipo de testimonio muestra cómo no se trata solo de ambientar un momento, sino de re‑configurar la propia existencia.




Referencias


Västfjäll, D., Juslin, P. N., & Hartig, T. (2012). Music, subjective wellbeing, and health: The role of everyday emotions. Musicae Scientiae, 16(2), 193–213. https://doi.org/10.1177/1029864911432650


Schäfer, T., Sedlmeier, P., Städtler, C., & Huron, D. (2013). The psychological functions of music listening. Frontiers in Psychology, 4, 511. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00511


Daykin, N., De Viggiani, N., Pilkington, P., & Moriarty, Y. (2012). Music-making for health and wellbeing in youth justice settings: Mediated affordances and the impact of context and social relations. Sociology of Health & Illness, 34(7), 988–1003. https://doi.org/10.1111/j.1467-9566.2011.01433.x


Garrido, S., & Schubert, E. (2015). Music and people with tendencies to depression. Music Perception: An Interdisciplinary Journal, 32(4), 313–321. https://doi.org/10.1525/mp.2015.32.4.313


Swaminathan, S., & Schellenberg, E. G. (2015). Current emotion research in music psychology. Emotion Review, 7(2), 189–197. https://doi.org/10.1177/1754073914558282

Comments